“Era una tierra aún fría y silenciosa, esperando el primer rayo de vida. Los truenos retumbaban como señales de un nuevo comienzo, marcando el camino hacia horizontes más libres. Las orillas, desde los acantilados hasta los desiertos lejanos, fueron reclamadas por los viajeros que se atrevían a explorarlas. Poco a poco, surgieron criaturas, rutas y paisajes que invitaban a avanzar. En armonía, lo dorado del amanecer y lo remoto de los caminos se unieron, elevándose hacia lo sublime. Nada quedó inmóvil: todo empezó a transformarse con cada paso.”